domingo, abril 23, 2006

Recuerdo

Recuerdo

O “memoria de la lluvia infantil de cualquier invierno”.

Son las 11:24:48 PM. No puedo dormir y me levanto para encontrar este lápiz en el velador.

...el recuerdo que se desase, que regresa, que quiero y guardo.

Llegó a mi casa, lo invité el fin de semana, como lo había intentado tanto tiempo.

Llega y río junto a él. Está enamorado, y creo que yo también, cada cual de su ilusión lejana (Yo de mi arco iris señal de alianza a los dos, a mi y a ella en la lejanía). Lo veo en su cara blanca, con esa barba sin afeitar y los ojos negros que se abren bajo su tosca frente.

¿¡Mamá, dame mil pesos!?, ruego y pregunto a la vez.

Es de noche, llueve, y salimos juntos. ¿Caminar o carretear?

Voy por la calle, doy pasos largos, en la ciclo vía va él, lo miro de reojo y me siento triste,-¡Vamos, arregla la cara¡- le digo.

Sólo seguimos bajando a la ciudad, caminamos, el suelo, y sus gotas son obstáculos que se esquivan de manera rápida.

Avanzamos, compramos una botella, caminamos, nos embriagamos con el afable sabor. ...Lloro, tengo pena. El recuerdo de un arco iris me duele a la mitad de un sorbo suicida.

Miro la luminaria y la lluvia cae cada vez más fuerte, cada vez con más brío.

Estamos empapados y la botella ya se nos acabó,-Veo doble- y la riza espontánea que se nos escapa y no se escucha por el sonido del agua que cae fuera de nuestro refugio.

-¡Vamos¡-le digo, y corremos juntos como un par de niños que han sido liberados de un encierro perpetuo. Corremos y saltamos, nos empapamos completos; mojados y felices, emborrachados y seguros de estar el uno con el otro, caminando juntos ahora a mi casa,

La lluvia sigue, cae casa vez más fuerte, la luz amarilla de la calle nos delata enfermos, mareados, aturdidos.

Él quiere verla y yo se en donde vive, pero el simple echo de no poder caminar me trastorna o inquieta un poco. –Vamos, llévame-me dice,-pero es tarde- respondo- veamos si las luces aún están encendidas en su casa, OK?, -OK-.

Caminamos por más agua y no entiendo nada, estoy casi aturdido y mi compañero, mi compañero casi enamorado.

Legamos donde ella, aún está despierta, -¿Tienes un paraguas que nos prestes?- pregunto mientras él, embobado, no habla, no respira, sólo la mira.

-Gracias, nos vemos otro día- digo, -Andan tomando, los caché...jaja.- dijo ella. Y él, absorto, no responde, su cara aún más pálida no responde, sólo la ve a ella.

-Chao, y ........gracias por el paraguas- digo.

-¿Realmente estás enamorado?- le pregunto, -no lo se-, me responde. Lo miro a la cara, lo veo triste.

La lluvia cae y se dibuja una lágrima falsa en su rostro, sólo es lluvia, pero puedo ver amor y tristeza en sus ojos, aún más negro por la noche.

Lo abrazo firme, y caminamos juntos bajo ese paraguas negro.

Me veo caminando, abrazado a él y viceversa, caminando bajo esa lluvia gris del invierno.

Me veo junto a él, caminando por la calle, aún “borrachios” y enamorados cada cual de su ilusión, de su niña amada. Abrazados bajo un paraguas. Bajos la lluvia de invierno, caminando a mi casa.

A mi amigo Cristian, y los días en que no importaba nada más que ser felices.

0 comentarios: